Poco a poco, se fue incorporando en la cama, moviendo los dedos de los pies, hasta entonces inertes.
Mientras se levantaba, pudo sentir algo caer con gracilidad en la ciudad de asfalto y pavimentos. Algo que le recordaba que a pesar de todo lo gris que se había vuelto el mundo, aún había vida. Se levantó a toda prisa, tropezándose con sus propios pies, hasta llegar a la ventana.
Había empezado el otoño.
| Las hojas caían con la ligereza de una pluma. |
No hay comentarios:
Publicar un comentario